Primavera inspiradora

Primavera inspiradora

Las horas de luz solar se prolongan,
fulgurantes ambientes en la llegada de la primavera,
mágica efervescencia inspiradora,
que por el aleteo incesante de cada abeja
en los campos florecidos repletos de aromas,
sus zumbidos dirigen una permanente banda sonora.

Y combinados con las gotas de lluvia y rocío,
los rayos solares van calentando las hojas,
trazan en el cielo esos arcos coloridos,
se conjugan con el paso de multitud de mariposas.

De un lado a otro, las aves,
más enérgicas y vitales, se desplazan,
y convertidas en armoniosas melodías guturales,
minuciosas composiciones identificativas cantan,
son sonidos con los que de su presencia alertan,
y que se intensifican durante esta, la primavera,
pues el aumento eminente de la luz
a ciertas moléculas en su cerebro altera;
son las perfectas receptoras lumínicas
que su instinto sexual-reproductivo reactivan o aceleran.

Por doquier, aroma y alegría se respira;
cualquier paisaje en esta estación
pareciera despertar de su monotonía,
o de su silencio de letargo, ¿una intención?
quizás, la de pronunciarse ahora especialmente vivo,
pues el invierno apagado ha hecho su retiro.

Juventud y fertilidad son caracteres
que definen, en extracto, el panorama conceptual,
a propósito de toda esa eclosión de vida
que emerge durante esta estación primaveral,
y se palpa a través de los sentidos
con toda una amalgama de flores
desplegando sus pétalos intensamente coloridos.

Y es que en los campos baldíos de Tenerife,
esos que se sitúan en las medianías,
donde las plantas de rápida colonización,
allí desatan todo su potencial y rebeldía,
ellas tiñen las llanas tierras de perfumada pigmentación,
ya sea amarillos, naranjas, blancos o lilas:
despliegue de trebinas, marañuelas y chicharillas,
caléndulas salvajes, cerrajas, cardos y amapolas,
rábanos silvestres, relinchones, fumarias y vincas,
borrajas cimarronas, tederas, margaritas y manzanillas.

Considerando el ambiente de alta montaña,
allí la primavera también se deja disfrutar
con bonitos endemismos en la isla afortunada:
el Alhelihí del Teide, bajo el violeta, sus pétalos enmarca;
más adelante, se erige el espectacular tajinaste rojo,
con su bella inflorescencia, de matiz «asalmonada».

¡Oh! ¡La primavera! Mágica efervescencia llena de vida:
que de arte ¡es inspiradora!,
con ella, las aves, más enérgicas y vitales,
de un lado a otro se desplazan,
y convertidas en armoniosas melodías guturales (entrelazadas),
complejas composiciones identificativas, bien alto, cantan.
Ambiente de aroma y alegría, por doquier, se respira,
los rayos solares calientan más las hojas
y se entremezclan con las gotas de lluvia y rocío,
tornasolando la envolvente bóveda celeste,
teñida también por el paso de mariposas.
Fulgurantes ambientes, pues, en la llegada de la primavera,
que por el aleteo incesante de cada abeja
en los campos florecidos repletos de aromas,
sus zumbidos dirigen una permanente banda sonora.

A. Melisa Díaz Sánchez.

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